Vuelvo a montar en patines

Publicado el 19 de noviembre de 2023, 17:08
patinar

Mira que llevaba años, unos 20, desde que no me ponía unos patines. Que locura la mía. Todo empezó cuando mi hijo hizo los planes para el domingo. Y en sus planes estaba yo, por supuesto. Se acordó que teníamos guardados unos patines que me compre hace muchísimo tiempo y que nunca llegue a estrenarlos. Y yo tan valiente acepte su propuesta: salir a la calle en patines.

 

Domingo, 11:30 de la mañana, mi hijo con su bici y casco puesto esperándome en la puerta para salir. Yo todavía no lo tenía claro, pero lo veía tan convencido que fui incapaz de arrepentirme. Quería cumplir mi palabra. Tarde unos 20 minutos en salir, tiempo en el que di unas vueltas por la casa. Vuelvo a repetir. Hacía 20 años que no manejaba unos patines. Tenía miedo a caerme o a no ser capaz de mantenerme en pie y que vergüenza, cuando alguien me viera haciendo el ridículo. Veamos, que todo el mundo es libre de aprender algo nuevo o volver a retomar viejas costumbres, pero ¡oye! Que yo ya no soy una niña y por la zona no he visto todavía ni una madre en patines. Así que entre el deseo y la presión de mi hijo y mi promesa de salir en patines para que el me vea, me tomé un vaso de agua fresquita, cogí aire y me planté en la calle. No me costó trabajo llegar al parque (a dos calles de mi casa) pero me balanceaba mucho. Cuando cogía un poco de carrera las ruedas me llevaban solas, pero eso de subirme y bajarme de la acera, los brazos arriba y abajo como si estuviera volando… madre mía. Todo iba “sobre ruedas” nunca mejor dicho. Pero de camino a casa decidimos dar una vuelta por el barrio.

Bueno, bueno. Casi me caigo porque pise una ramita y metió en medio de las ruedas. No sé ni cómo me mantuve en pie. Y todo paso delante de un grupo que iba dando un paseo y que después del susto se hartaron de reír.

Yo escuchaba:

“¡Cuidado niña, no te vayas a caer!”

“¡Ay que susto nos has dado!”

“¡Ve con cuidado que el niño no podrá levantarte si te lastimas!”

Solo una señora mayor me dijo: “¡vas muy bien!”

Ahí fue cuando me di cuenta que siendo capaz de mantener el equilibrio ya he pasado lo peor.

Yo ya estaba sudando. No estaba destinado para mi caerme. Menos mal.

Les conteste: “estoy practicando, se nota que estoy estrenando los patines ¿verdad?”

Llegamos a casa después de una hora y media dando vueltas y mi hijo me ayudo subir a la acera ya que no me fiaba. La acera un poco alta, en cuesta arriba y mis pies ya me dolían un poco. Quedé cansadísima. Pero di el paso. Nunca es tarde para hacer cualquier cosa que te propongas.

Me quedo con una frase que mi hijo me dijo mientras estábamos de vuelta a casa.

“Mamá te he visto muy bien. Lo has hecho de maravilla.

Me ha encantado nuestro paseo. No sabía que se te daba tan bien montar en patines.”

Qué bonito es cuando se te valora por tus esfuerzos. Qué bonito es cuando te pintan la realidad mejor de lo que es. Qué bonito es cuando te animan, aunque tú sabes que no lo has hecho tan bien. Qué bonito el sentimiento de cuando sabes que todo lo que hace tu hijo es porque tú se lo has enseñado. Qué bonita es la vida y qué bonitos son nuestros domingos. Hagamos lo que hagamos siempre lo hacemos para divertirnos.

Y ustedes ¿Qué soléis hacer los domingos?

 

Feliz tarde,

bellamente.

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